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Urgen medidas para solucionar el problema del trabajo infantil peligroso

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CIUDAD DE MÉXICO.- El Trabajo infantil peligroso[1] sigue afectando a más de 200 millones[2] de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Estos niños y niñas trabajan en condiciones que vulneran o ponen en riesgo el disfrute de derechos fundamentales de la niñez, tales como la salud, la educación y la protección contra toda forma de explotación y violencia.

 

Cada 12 de junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Este año, Visión Mundial y otras ONGs hacemos énfasis en las peores formas de trabajo o trabajo peligroso, que son aquellos que por su naturaleza o por las condiciones en que se realiza daña la salud, la seguridad, pone en peligro la vida y la moralidad de los niños.

 

El trabajo infantil peligroso se registra en la agricultura, 59%, seguida por un 30% en el sector de servicios como es el trabajo doméstico y el trabajo ambulante y 11% en la industria de pequeños talleres, la minería,  o la construcción. El impacto del trabajo infantil peligroso tiene consecuencias inmediatas y a largo plazo sobre los niños, como son lesiones, discapacidad, incluso la muerte.

 

Situación en México

De acuerdo con los diagnósticos realizados durante 2010 en distintos programas de desarrollo centrados en la infancia y adolescencia operados por Visión Mundial de México en distintos municipios con alta o muy alta marginación, la problemática de la explotación laboral infantil es una constante en las comunidades rurales e indígenas del país.

 

En Chiapas, por ejemplo, es frecuente que los adolescentes de secundaria deban dejar la escuela para dedicarse a generar ingresos para el sostenimiento de los demás miembros de la familia, mayoritariamente como trabajadores de la construcción, o migrantes a zonas turísticas como Playa del Carmen y Huatulco. Además, ejercen trabajos peligrosos y pesados en la construcción desde los 14 o 15 años, la mayoría de las veces sin equipo adecuado ni seguridad social, obteniendo raquíticos sueldos que, a la larga, difícilmente les ayudarán a romper el círculo de la pobreza y la explotación que, por lo regular, terminarán heredando a sus hijos.

 

El trabajo infantil en el sector de la construcción es considerado un trabajo peligroso porque los niños están expuestos a trabajar a grandes alturas, a levantar cargas pesadas, y a riesgos de lesiones causadas por el uso o contacto con maquinaria pesada.

 

De la Sierra de Zongolica en Veracruz, se reporta que semanalmente salen autobuses con trabajadores agrícolas a campos de cultivo en diferentes estados del país, incluyendo a adolescentes y niños indígenas que acompañan a sus familias. Si bien les va, serán empleados en regiones cercanas del mismo estado, como piscadores de café, café gourmet y café de exportación, en donde se sabe que las manos infantiles frecuentemente son más ágiles que las de sus padres.

Pero en temporada de zafra niños de mayor edad acompañarán a su padre, machete en mano, al corte de la caña, viéndose obligados también a dejar la escuela por largas temporadas y frecuentemente a desertar, muchas veces bajo el argumento de que los contenidos educativos no les aportan un aprendizaje significativo para sus vidas.

 

Un día más en el corte de caña

Son las tres y media de la madrugada Nery, adolescente de 14 años, se está alistando para ir a trabajar. Alegre y confiado, de padres campesinos, vive en condiciones de mucha pobreza. Nery es el tercero de cinco hermanos y el mayor de los hijos varones. El estudio es una de sus mayores frustraciones: terminó segundo y dejo la escuela.

 

 “Yo comencé a venir con mi mamá cuando tenía nueve años. Venía solo a sembrar caña, ahora siembro y corto. A mi papá lo mataron unos maleantes hace seis años”, cuenta Nery.

 

El aire huele a humo y se siente espeso. El cañal acaba de ser quemado. Hay que deshacerse de la fina pelusa de espinas que recubre los tallos; hay asegurarse de que no queden serpientes en el lugar. En lo alto, el sol brilla sin piedad, y los rostros de los niños chorrean una mezcla de hollín y sudor. La jornada apenas empieza.

 

“Cuando están quemando la caña, salimos negros por el tile (hollín) y con los ojos ardorosos. Además, si uno no trae camisa de manga larga, el ajuate (pelusa de espinas pequeñas) pica muchísimo. Hay que venir en zapatos, para no cortarse los pies o herirse con el cuchillo”, comenta Nery.

 

La presencia de niños, niñas y adolescentes no es extraña en el cañaveral; van con sus padres o familiares a aprender el trabajo que desempeñarán toda una vida. Un trabajo que se reparte por sexo y por edad: los varones cortan caña, pican, carrilean[3], manojean[4], basurean[5], abonan y fumigan; las niñas pequeñas siembran, basurean, carrilean y jalan la caña; las más grandecitas, al igual que los muchachos, blanden el machete.

 

“La quincena pasada saqué unos 46 cortes. Me gusta hacer esto porque paga mejor que las ‘cogidas’ de café. Cuando sembramos, nos dan como medio dólar; porque es más fácil; pero cuando cortamos ganamos como dólar y medio”, afirma Nery.

 

La paga que reciben los chicos mayores anda entre tres y tres dólares y medio por día; pero los que trabajan como ayudantes de estos menores reciben entre uno y tres dólares por semana, y no reciben el pago directamente del productor, sino de los mismos niños.

 

Al finalizar la tarea, el cansancio es evidente. Duele el cuello, duele la cabeza, duele la espalda. Muchos se han cortado con las filosas hojas de la caña, muchos tienen picaduras de insectos.

Los riesgos que enfrentan los niños y adolescentes jornaleros agrícolas son muchos: picaduras de reptiles, insectos y animales ponzoñosos; accidentes con las herramientas de trabajo que les provocan heridas y hasta mutilaciones; contacto cotidiano con agroquímicos y pesticidas tóxicos de manera directa o indirecta, principalmente.

 

Por esos motivos, Visión Mundial de México es parte de la Campaña global de la Organización Internacional del Trabajo para la erradicación de la explotación infantil, y se suma a los llamados para que las autoridades laborales mexicanas establezcan con urgencia un listado de trabajos peligrosos que, por ley, estén prohibidos y sean de observación obligatoria por parte de los patrones en trabajos agrícolas y constructivos para la población infantil.

 

Es importante señalar que México ratificó el 30 de junio de 2000, el Convenio 182 de la Organización del Trabajo (OIT) sobre las peores formas de trabajo infantil, lo cual obliga al gobierno mexicano a dar cumplimiento. 

 

Datos del mundo estimaciones de la Organización de Trabajo Internacional (OIT):

215 millones de niños trabajan en el mundo;

De los cuales 115 millones realizan trabajos peligrosos;

67 millones de niños en edad de educación primaria, de los cuales más de la mitad son niñas y no asisten a la escuela de forma regular;

71 millones de niños en edad de educación secundaria no están matriculados en la escuela;

53 millones tienen entre 5 y 14 años y; 62 millones tienen entre 15 y 17 años.

 

Datos de México según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2009 (INEGI):

3.6 millones de niños y niñas de 5 a 17 años realizan actividades económicas, de los cuales 66.9% (2.4 millones) son niños y 33.1% (1.1 millones) son niñas;

De los cuales 1.2 millones no asiste a la escuela;

35.5% (1.2 millones) de los niños y niñas ocupadas laboran 35 horas o más a la semana;

45.2% (1.6 millones) son trabajadores sin pago;

20.7% (más de 745 mil) está expuesto a alguna clase de riesgo en su trabajo: ruido excesivo, humedad, herramientas peligrosas, productos químicos, etc.

 

Como parte de su misión, Visión Mundial de México pone a su disposición información de las zonas en que tiene presencia, así como contacto directo con el personal que labora en estas regiones con la única petición de mencionar la fuente. Visión Mundial de México es parte de la Confraternidad Internacional de World Vision, organización fundada en 1950 y que actualmente tiene presencia en cerca de 100 países en tres líneas básicas: Desarrollo transformador; Promoción de la Justicia y; Prevención, emergencia y rehabilitación para responder ante desastres y conflictos en las regiones que así lo requieran, independientemente de la religión, raza, grupo étnico o género. Lo anterior es lo que justifica nuestra presencia en países como Indonesia, Irak, Liberia, Chad entre otros.



[1] Aquí cabe aclarar que no todo trabajo realizado por niños, niñas y adolescentes es violatorio de sus derechos, sino solo aquel que les impide disfrutarlos.

[2] The United Nations Secretary General’s Study on Violence Against Children: capítulo 6, página 233; en: http://www.violencestudy.org/r25

[3] Ordenan la caña cortada en montones que después se transportarán en las rastras.

[4] Hacen manojos de caña.

[5] Recogen los cogollos (extremo corto) de la caña que se corta sin quemar.

08/06/2011 12:58. Autor Visión Mundial de México A.C. Ver nota completa. Derechos Humanos

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